
En una calle tranquila, a pasos del metro Santiago Bueras, se esconde un pequeño refugio para los amantes de la lectura: Los Libros.
Un espacio acogedor situado en el living de una casa, con un sillón perfecto para sentarse a leer y estantes repletos de libros, que van desde poesía y narrativa hasta literatura infantil, incluyendo editoriales internacionales y, sobre todo, muchas editoriales independientes chilenas que hoy encuentran aquí su hogar.
Al entrar, nos encontramos con Andrea Brito, periodista y fundadora de la librería, acompañada de Canelo, su perrito que, según dicen, es el verdadero dueño del lugar. Juntos nos reciben para conversar sobre cómo nació este proyecto, su pasión por los libros y cómo han logrado transformar este rincón de Maipú en un pequeño corazón cultural del barrio.
El oficio y la ruta
¿Cuál es el origen de la librería?
Nuestra librería tiene 5 años ya, pero partimos en el Barrio Italia. En realidad, partimos online, en la pandemia. Y después cuando empezó la apertura, también surgieron estas galerías de emprendedores que se hicieron muy famosas porque había mucha gente emprendiendo.
Nosotros pusimos un carrito de libros, que era básicamente un puesto chiquitito con algunas cosas que yo había empezado a vender de manera online. Sí estaban orientadas más a las infancias y al libro ilustrado en general, pero empecé a cachar que también podía traer cosas que eran más de mi interés, como libros de música. A mi me encanta mucho la música, así que eso dio paso también a tener contacto con editoriales independientes chilenas.
¿Cómo fue la recepción de la gente?
Me acuerdo de que tenía mi puesto, y al lado tenía una sex-shop, al otro había una chica que vendía pijamas, y al frente una señora que vendía joyas. Por lo tanto, la gente que llegaba a mi espacio no iba precisamente a una librería, iba pasando. Entonces les llamaba la atención. Y recuerdo mucho que tenía unas adaptaciones de manga, y la gente alucinaba con esos libros. No podía creer que existían.
Todos los libros que teníamos ahí tenían que haber sido leídos por nosotros para poder recomendarlos. Porque esa era la idea: hacer recomendaciones de libros. Y en ese modelo nos fue súper bien. Empezamos a vender mucho, porque recuerdo que llegaba el domingo y me quedaban como tres o cuatro libros. Era una locura.
¿Y eso dio pie a buscar algo más grande?
Claro. Después de unos años empezamos a ampliarnos ahí mismo. Nos fuimos a una casa de Av. Italia que era una tienda de diseño. Tomaron un par de emprendimientos que les gustaron, y como nosotros también teníamos muchos libros de arquitectura y diseño, nos invitaron. Creo que fue la mejor época para nosotros porque crecimos en catálogo, distribuidoras de libros y gente que nos cachaba y nos iba a ofrecer sus obras.
Y en medio de todo ese crecimiento, ¿cómo fue para ti el desafío de profesionalizar el oficio? Porque tú venías de un mundo bien distinto, ¿no?
Bueno, yo soy periodista de profesión, pero estaba trabajando en los últimos años para la Agencia de Calidad de Educación en el área de lenguaje de las pruebas estandarizadas, como el SIMCE. Y en ese proceso de correcciones, de hacer los manuales, teníamos que leer lo que escribían los niños y eran unas maravillas. Las formas que escribían, o el cómo mencionaban las cosas. Y ahí te dabas cuenta de lo importante que es la lectura para el pensamiento humano, porque al niño que le iba bien en el SIMCE de escritura, le iba súper bien en todo. La lectura y la escritura son la base fundamental del aprendizaje.
Tomar la decisión de dedicarme a eso fue un cambio brutal. En lo personal, tuve que aprender a manejar un negocio que yo antes hacía de memoria. Miraba los libros, sabía lo que tenía y lo anotaba en un cuaderno. Ni siquiera en un Excel. Era muy rústica mi forma de trabajar. Así que tuve que empezar a formarme como empresaria básicamente, y para mí fue un mundo totalmente desconocido.
Y con ese ritmo de crecimiento que traían, ¿qué fue lo que finalmente gatilló la salida del Barrio Italia para venirse a Maipú?
Los chicos se fueron al MUT, y a quién le dejaron la casa nos subió el arriendo a una cosa ridícula. Ahí me tuve que ir a otra parte dentro del Barrio Italia, pero eso fue un desastre. Y ahí se suma que, en ese período de haber tres librerías en el sector, pasaron a ser nueve en dos cuadras.
Estaba muy agotada por las malas experiencias en el último lugar que estuve, y justo pasó que una clienta que tenía allá se iba a venir a Maipú a poner un centro de psicología. Ahí le dije: ¿por qué no me arriendas el living? Yo te pongo una librería. Eso lo mencioné como una broma, pero a ella le tincó la idea, así que tuvimos conversaciones con la dueña donde me dijo que podía funcionar la librería. Fue mucha suerte porque yo soy de acá de muy cerca, y estaba cansada del pique desde Maipú a Barrio Italia. Así que aquí estamos.

El retorno al barrio
¿Y cómo fue ese primer impulso de decir «ya, me la juego por traer esto a Maipú»?
Yo quise venirme varias veces cuando veía algunos locales de “Se Arrienda” por la Avenida Central. Iba a ver los espacios, y siempre las personas me preguntaban qué quería instalar ahí. Una librería, decía yo. Y me daba cuenta de que la gente asocia la librería a una de lápices o papelería. Pero cuando les decía que era una de libros todos me miraban raro. Eso no te va a dar aquí, me respondían.
Había un prejuicio súper instalado de que aquí no había lectores…
Yo no tenía ninguna duda de que eso no era así. Durante varios años me invitaron a la Feria del Libro de Maipú, y era un éxito. Mucha gente que nos había comprado en todos esos eventos se acordaba de nosotros, tenían clarísimo quienes éramos y ahora vienen siempre a la librería. De hecho, hace un tiempo vino una familia completa a la que yo reconocí de esas ferias porque habíamos conversado mucho de un Frankenstein, y ahora me decían: ¡Qué bacán que estén aquí! Y se daban vueltas por todo el living, y esas cosas a mi me dan mucha ilusión de que esto va a funcionar. Porque siempre le decíamos a la gente que éramos de Maipú, pero que estábamos en Barrio Italia, y ahora que estamos aquí es un sueño.
Y también siendo la primera de este estilo en la comuna, ¿no?
Podríamos decir que somos la primera librería independiente de Maipú. Por ejemplo, hay una librería en el Mall Pumay, y están las librerías de cadena, por supuesto, como la Antártica. Pero nosotros queremos ser otro tipo de espacio, con una selección de libros donde se pueda conversar, sentarse, y recomendar según lo que andes buscando.
¿Y cómo vas armando ese catálogo?
Me considero como un ratón de biblioteca, entonces voy a la Biblioteca de Santiago, agarro libros, veo que no sean tan antiguos para ver si todavía están en distribución, y voy haciendo la selección para la librería. Diría que el 90% son libros que me gustan a mí, y el otro 10% tal vez no me interesan tanto, pero tengo que hacer el mismo ejercicio que le pido a las personas que vienen, que es atreverse con los libros.
¿Sientes que, si se pierde ese entusiasmo por descubrir libros, el proyecto dejaría de tener sentido para ti?
Exacto. Si yo pierdo la fascinación por los libros, te juro que al otro día cierro esta puerta y hago cualquier otra cosa. Me pongo a bordar o a entrenar perros. Pero para mí, mantener este proyecto depende mucho de ese sentimiento. Si me entran a robar, me desmantelaran, jamás cerraría. Pero si perdiera la pasión por este espacio, me voy.
Y en ese sentido, ¿cómo ha sido la respuesta del entorno?
Las personas de este barrio, y de los barrios que componen este Maipú Centro más clásico, que además son bastante adultos, encuentran un espacio acá donde venir y sentirse parte. El otro día, la Junta de Vecinos me vino a ver, nos dio la bienvenida y nos agregaron al WhatsApp. Y es muy bacán, porque ellos saben que está la librería, y cuidan este espacio también. Están pendientes cuando la librería queda sola, siempre están mirando y, en cierta forma, me gusta que se hayan apoderado de este lugar y lo consideren propio.
A veces vengo los domingos en la tarde a limpiar o hacer alguna cosa en un auto que no es el mío, y veo sus cabecitas asomadas mirando quién es. También me golpean la puerta o tocan la campana, y están afuera porque necesitan un regalo para un tío o un sobrino, y los dejo pasar a mirar. Me gusta que gente que vino una primera vez, después vuelve con su hermano, su papá, su perro, etc.
Y el hecho de que la librería sea literalmente un living la hace sentir muy propia, muy de hogar…
Y me encanta que la gente cuente cosas. Yo soy una persona de villa. De chica me formé con los abuelos de mis amigos y siempre tenían una cantidad de historias increíbles por contar. Y me acordé de que también de esa idea nació otro proyecto en un colegio donde empecé a hacer talleres experimentales con los alumnos y abuelos llamado “Cuéntame”, donde la idea era que viniesen abuelos a contarles a los niños algo de su vida, y luego estos chicos le escribían cartas a esa persona contándoles qué hacían ellos. Me encanta eso de que la gente se suelte, converse y pueda abrir un mundo en este espacio.

Cultura y periferia
¿Sientes que hoy es difícil encontrar espacios como éste fuera de los circuitos de siempre?
Yo creo que se mira mal hacia otros lugares que no sean lo típico, como Providencia, Santiago, Ñuñoa o Las Condes, donde se mueve la cultura. Hay una sensación, que tampoco es falsa, de que las necesidades de las personas más periféricas o de menos recursos van por el lado de la “asistencialidad” en cosas. Pero no se considera la cultura como una necesidad humana.
¿Tú sentiste esa diferencia mientras crecías aquí en Maipú?
Justamente. Yo estudié en un colegio en Maipú, y luego estudié en otro de Providencia, y cuando sales de la comuna, o salías en aquella época, era como otro planeta donde encontrabas museos, bibliotecas, y hasta poetas. Entonces, ese encuentro con la cultura fue tardío para mí.
Me imagino que ver ese otro mundo te cambió el switch completo sobre lo que querías construir
A mí me abrió un mundo. Al principio, pensé que no podía quedarme solo en esta cosa de los niños, porque me di cuenta de que había una súper posibilidad de hacer lectores adultos. Si tú investigas las políticas de lectura, hace cinco años, estaban todas orientadas a las primeras infancias y a los niños que están aprendiendo a leer. Y me parece bacán, pero también pensé que era súper posible formar y rescatar al lector adulto de ese rechazo a la literatura o a la lectura que generó en la escuela, probablemente, e invitarlo a leer. Entonces ahí, para nosotros, ese también fue como un desafío.
¿Y cómo te planteas el desafío de romper esa barrera? ¿Qué crees que necesita un espacio como este para convocar a esos adultos?
Yo siento que los espacios de libros, o espacios de cultura en general, tenemos una responsabilidad importante, como tener una parrilla de actividades que convoque a las personas más allá del lector. La idea de este espacio es traer autores a que conversen con las personas. A que las entrevistas fueran abiertas y que pueda haber rondas de preguntas con escritores y editores. Y que también cualquier persona pueda hablar de su experiencia lectora. Entonces, mi objetivo, es recuperar a ese lector adulto a través de todo eso.
Mirando todo el camino que has hecho desde pandemia hasta ahora, ¿cómo te imaginas este proyecto de aquí a unos años?
Espero que crezca. No sé si en tamaño, pero sí en lo otro que estamos hablando. De traer gente, de convocar, de hacer actividades. Me encanta que las personas se hayan acercado solas a la librería a ofrecer colaboraciones, traer autores, y probar cosas pensando en que la idea de este espacio es que se convierta en un agente cultural del barrio.
Y como te digo, a mí me gusta mucho escuchar a la gente. Hay tanta desconfianza hoy día entre las personas que pocas veces se acercan así a conversar. A contarte su día, o a comentarte cómo es su historia también. Este espacio libera mucho en las personas la percepción de su propia memoria. Como que las personas mantengan esa conexión con quienes fueron. Y los barrios tienen eso en general. Que son lugares de memorias vivas. Entonces, todas esas cosas me encantan de estar en este barrio cumpliendo el sueño que tuve como en el día uno, que dijimos que podríamos tener una librería.
Visita Los Libros de lunes a sábado en Alhué 111, Maipú. A pasos del metro Santiago Bueras. Y sigue sus redes sociales haciendo click aquí.
