«Café y ceniza», tres poemas de Martina Villavicencio

Una poética del deseo que arde y se disipa en lo cotidiano. En los poemas de Martina Villavicencio se construye una voz íntima que transita entre la intensidad del encuentro y la conciencia de su fugacidad, revelando una forma de amar hecha de impulso, repetición y desgaste.

A través de un imaginario persistente (como lo es el café, el cigarro y el humo), los poemas se despliegan como variaciones de una misma experiencia afectiva, donde el cuerpo y el hábito se confunden, y donde cada gesto contiene, a la vez, la promesa del vínculo y su inminente disolución.

Café y ceniza

Despiertas en mi pecho como el primer sorbo de café,

amargo, tibio, perfecto.

Te cuelas entre las grietas que dejo abiertas a propósito,

como el humo lento de un cigarro que no quiero terminar.

Tu piel huele a madrugada y a desastre,

a esas cosas que uno no debería querer,

pero quiere igual,

con los ojos cerrados

y los labios entreabiertos.

Nos amamos con torpeza,

con hambre,

como si el mundo fuera a acabarse justo después del próximo beso.

Y quizás lo hace,

cada vez.

Hay algo en ti que me arde —

no sé si es el tabaco que compartimos en la ventana,

o la forma en que me miras cuando piensas que no te veo.

No decimos mucho,

pero lo que hacemos pesa.

Las manos saben más que las palabras,

y los silencios nuestros fuman más que nosotros.

Tú, con ese fuego bajo la lengua,

con esa manía de querer romper todo lo que tocas

(y aún así, sostenerme cuando me derrumbo).

Yo, con este vicio de escribirte incluso cuando estás aquí,

de pensarte cuando te tengo,

de extrañarte mientras aún me abrazas.

Nos besamos como quien se perdona,

nos miramos como quien se despide,

y nos quedamos…

aunque sabemos que no sabemos quedarnos

Y cuando se acaba la pasión,

quedan las tazas vacías,

la colilla a medio apagar,

y este amor

que aunque a veces se quema

—todavía—nos calienta.


Segunda taza

Nos bebemos a tragos cortos,

como el café que enfría en la mesa,

como el cigarro que arde lento

entre tu boca y la mía.

Tus dedos, manchados de nicotina y deseo,

dibujan en mi piel

el mapa de un lugar al que siempre volvemos

aunque juramos huir.

Yo, con la camisa abierta y el alma también,

tú, con las uñas llenas de rabia

y los ojos de ganas.

Nos encontramos en medio del humo,

entre una frase rota

y un “te quiero” que se nos cayó del bolsillo.

Y nos reímos.

Nos besamos.

Nos peleamos por tonteras

y luego hacemos el amor

como si eso pudiera arreglarlo todo.

Tu cuerpo sobre el mío

es el único abrigo que no me da frío,

y aún así me tiemblan las manos

cada vez que te desnudas de orgullo.

Hay ceniza en el suelo

y café frío en la taza,

pero tu aliento sigue caliente,

y yo sigo queriendo quedarme.

Aunque sé que esto quema.

Aunque sé que no dura.

Aunque sé que tú y yo somos

más humo que historia,

más impulso que promesa.

Pero qué importa.

Si cada vez que te vas,

me quedo oliendo tu perfume en el aire,

esperando el sonido de la llave,

la mirada cómplice,

la excusa tonta,

y ese primer beso amargo

que sabe, otra vez,

a café recién hecho

y tabaco compartido


Amargo corazón

Tus cenizas quedan mi cenicero. Con la saliva del que fué su dueño. Ojalá ser el cigarro

que se posa en tu boca. Ojalá ser ese amargo que te calma en las tardes, que te llena los

pulmones, ese que te llena de sazón.

Miraré tu ojos, eso que me llenan de vida color canela, ese canela que romantiza mi té

de las mañana, ese que llena la habitación como una caricia, ese que llena mis días, de

amor y pasión.

Tu ser llena mi alma, me llena como quien no espera nada de la vida y aun así tiene

todo, esperaba diferencia y me diste originalidad, me diste rareza, me diste

autenticidad, y aun asi, tu pensando que lo rechazaría, que me alejaría, que vería tus

imperfecciones y diría “no”, cuando yo vi todo perfecto y dije “si” y siempre diré si,

porque jamas esperé normalidad, yo te esperaba…. a ti.


Martina Villavicencio (Valparaíso, 2008). Escritora y artista hogareña. Su manera de expresar lo que siente y cómo vive es a través de escritos y dibujos.