«Poema de las creaturas»: Cinco poemas de Max Echeverría

En los poemas de Max Echeverría, la cotidianidad doméstica y la violencia del mundo exterior se cruzan como una herida abierta. Los textos levantan una cartografía emocional donde el refugio de un patio o el amor a la distancia conviven con el horror de la guerra televisada, condensando en ese contraste una experiencia marcada por la empatía, el desarraigo y la fragilidad de los vínculos.

La voz poética avanza a través de una acumulación de escenas domésticas, pantallas de celular y miradas cansadas, articulándose un imaginario donde lo íntimo y lo geopolítico se entrelazan, dejando ver una existencia tensionada entre la resistencia del afecto y la crudeza de la realidad.

Poema de las creaturas

El sol dio vida a la tierra que me regalaste

En ella crecieron toda clase de seres

pero lo más interesante

fue un gran árbol de pimientos

con raíces tan amplias y frondosas

que bajo el árbol instalé una mesa y un par de sillas

para cenar y ver unas cuántas estrellas

reflejadas en el fondo del plato

Más tarde      llegaron las aves

siguiendo los frutos recién nacidos

Vinieron con sus cantos de todas formas y ritmos

A mi me gustaba el de un ave mansa

que al cantar botaba un par de plumas

y su canción llevaba el ritmo del despojo

mezclado con el viento de la tarde

Después de las aves

llegaron nuevas creaturas

Algunas poblaron las aguas

mientras que otras montadas y erguidas en sus cuatro patas

corrían bajo el pimiento

asustaban a las aves

rascaban mi regazo

Estos y tantos otros seres – estoy seguro –

nacen de lo alto

Tanta belleza no puede sino engendrarse en lo divino

Tantas cosas podría decir de la tierra que me regalaste

Pero sólo una más importa

La dicha consiste en esto

ponerse a trabajar al sol

junto a los seres que crecieron

en la tierra que me regalaste


Tu voz es sol

Tu sol

solamente tu sol

sería capaz de dar vida a mis caminos

Tu sol que es tu voz

honda luz que emana de tu vientre

Tu vientre

se da al espacio cuando con tu voz llamas

Y tu voz es una luz tenue en el océano

Una flama

Porque solo tú

podrías convertir el aire en fuego

Tu voz es sol

y todas las cosas se vuelven plantas

cuando te sienten vibrar

Tu sol

solamente tu sol

podría iluminar cada sendero

abrir las espesuras     desatar la hierba

arder la vida     

sin dejar que se consuma


Las cosas que faltan en el aire

Ella tiende sus manos en el aire

buscando alcanzar lo que las aves buscan

al picar con fuerza las aguas

Ella tiende sus manos

por ese pez que nada en el aire

más allá de su deseo

más acá de sus manos

Ella tiende sus manos en el aire

ella busca ella tiende ella busca

tender hacia el aire

más allá de los peces

más acá de las manos

donde están los brazos

donde está el pecho

Porque el pecho es un mar poblado de recuerdos

el sitio dónde la memoria da luz al amor

el lugar a donde tendemos como pájaros

cuando el hambre llega al corazón

y necesitamos ese pez

añorado alimento

que nos lleve a buscar en el pecho

las cosas que faltan en el aire


Él también sabe leer

En la tele

nuevas noticias del genocidio en Gaza

Las muertes ascienden a ochenta mil

Tomo el celular

en el scroll  las publicaciones deslizan

otros tantos

                    muertos

                            sobre mi regazo

Súmale la muerte cruel

de la última estrategia

el Hambre el olvidado Hambre

Aquí en la escuela

algunos niños de la básica

leen por vez primera un texto a la comunidad

Todos aplauden

Vuelvo a tomar el celular

En el scroll  un niño en la franja

mastica unos granos de arena

No hay aplausos

Él también sabe leer


Ejercicio óptico

Limpio mis lentes cada mañana

intentando cambiar la mirada

Pulo vidrios muertos

son mis ojos muertos que me pongo a diario

sobre mis otros vidrios medios vivos

Limpio mis lentes

mis ojos muertos

que dan vida a lo que llaman mirada

¿Cuánto cuesta mirar a otro?

¿Tanto cuesta?

Pulo con paciencia mis vidrios

y allí entre mis manos

se aparecen tantos ojos centelleantes de cansancio

miradas que explotan cada mañana

convirtiéndose en huecos vacíos andando en las callecitas

absorbiendo el poco color que el tiempo les quitó

Porque fue el tiempo

sólo el tiempo te explota en la cara

rompiendo todo vidrio

incluso los de adentro

Limpio mis ojos

Y te veo entre mis manos

a ti   la de ojos atardecidos

Del tanto extrañarte

(otra forma del tiempo)

casi soy ese hueco andando en la ciudad

Mírame hoy con tus ojos

Desde mis manos te busco

y mientras pulo mis vidrios

dibujo tus ojos en ellos

Te llevo a mi rostro y acomodo en mis orejas

Imagino tus ojos en mis ojos

Pulo los vidrios de adentro   pulo

pidiendo que no me explote el tiempo

sin posarme en tu mirada


Max Echeverría Burgos es profesor de filosofía y encargado pastoral en el Colegio Teresiano Enrique de Ossó, Santiago. Su trayectoria poética, construida a lo largo de años de talleres y lecturas junto a otrxs poetas, revela a alguien para quien la poesía no es un oficio paralelo a la vida, sino una forma de habitarla. 

Su escritura oscila entre la contemplación y la necesidad, con una voz que trabaja la imagen desde lo cotidiano y concreto; forjando una estética que no teme la ternura ni la interpelación. Actualmente cursa estudios de pedagogía y educación en la Universidad Andrés Bello, y sigue escribiendo desde Santiago.