En los poemas de Max Echeverría, la cotidianidad doméstica y la violencia del mundo exterior se cruzan como una herida abierta. Los textos levantan una cartografía emocional donde el refugio de un patio o el amor a la distancia conviven con el horror de la guerra televisada, condensando en ese contraste una experiencia marcada por la empatía, el desarraigo y la fragilidad de los vínculos.
La voz poética avanza a través de una acumulación de escenas domésticas, pantallas de celular y miradas cansadas, articulándose un imaginario donde lo íntimo y lo geopolítico se entrelazan, dejando ver una existencia tensionada entre la resistencia del afecto y la crudeza de la realidad.

Poema de las creaturas
El sol dio vida a la tierra que me regalaste
En ella crecieron toda clase de seres
pero lo más interesante
fue un gran árbol de pimientos
con raíces tan amplias y frondosas
que bajo el árbol instalé una mesa y un par de sillas
para cenar y ver unas cuántas estrellas
reflejadas en el fondo del plato
Más tarde llegaron las aves
siguiendo los frutos recién nacidos
Vinieron con sus cantos de todas formas y ritmos
A mi me gustaba el de un ave mansa
que al cantar botaba un par de plumas
y su canción llevaba el ritmo del despojo
mezclado con el viento de la tarde
Después de las aves
llegaron nuevas creaturas
Algunas poblaron las aguas
mientras que otras montadas y erguidas en sus cuatro patas
corrían bajo el pimiento
asustaban a las aves
rascaban mi regazo
Estos y tantos otros seres – estoy seguro –
nacen de lo alto
Tanta belleza no puede sino engendrarse en lo divino
Tantas cosas podría decir de la tierra que me regalaste
Pero sólo una más importa
La dicha consiste en esto
ponerse a trabajar al sol
junto a los seres que crecieron
en la tierra que me regalaste
Tu voz es sol
Tu sol
solamente tu sol
sería capaz de dar vida a mis caminos
Tu sol que es tu voz
honda luz que emana de tu vientre
Tu vientre
se da al espacio cuando con tu voz llamas
Y tu voz es una luz tenue en el océano
Una flama
Porque solo tú
podrías convertir el aire en fuego
Tu voz es sol
y todas las cosas se vuelven plantas
cuando te sienten vibrar
Tu sol
solamente tu sol
podría iluminar cada sendero
abrir las espesuras desatar la hierba
arder la vida
sin dejar que se consuma
Las cosas que faltan en el aire
Ella tiende sus manos en el aire
buscando alcanzar lo que las aves buscan
al picar con fuerza las aguas
Ella tiende sus manos
por ese pez que nada en el aire
más allá de su deseo
más acá de sus manos
Ella tiende sus manos en el aire
ella busca ella tiende ella busca
tender hacia el aire
más allá de los peces
más acá de las manos
donde están los brazos
donde está el pecho
Porque el pecho es un mar poblado de recuerdos
el sitio dónde la memoria da luz al amor
el lugar a donde tendemos como pájaros
cuando el hambre llega al corazón
y necesitamos ese pez
añorado alimento
que nos lleve a buscar en el pecho
las cosas que faltan en el aire
Él también sabe leer
En la tele
nuevas noticias del genocidio en Gaza
Las muertes ascienden a ochenta mil
Tomo el celular
en el scroll las publicaciones deslizan
otros tantos
muertos
sobre mi regazo
Súmale la muerte cruel
de la última estrategia
el Hambre el olvidado Hambre
Aquí en la escuela
algunos niños de la básica
leen por vez primera un texto a la comunidad
Todos aplauden
Vuelvo a tomar el celular
En el scroll un niño en la franja
mastica unos granos de arena
No hay aplausos
Él también sabe leer
Ejercicio óptico
Limpio mis lentes cada mañana
intentando cambiar la mirada
Pulo vidrios muertos
son mis ojos muertos que me pongo a diario
sobre mis otros vidrios medios vivos
Limpio mis lentes
mis ojos muertos
que dan vida a lo que llaman mirada
¿Cuánto cuesta mirar a otro?
¿Tanto cuesta?
Pulo con paciencia mis vidrios
y allí entre mis manos
se aparecen tantos ojos centelleantes de cansancio
miradas que explotan cada mañana
convirtiéndose en huecos vacíos andando en las callecitas
absorbiendo el poco color que el tiempo les quitó
Porque fue el tiempo
sólo el tiempo te explota en la cara
rompiendo todo vidrio
incluso los de adentro
Limpio mis ojos
Y te veo entre mis manos
a ti la de ojos atardecidos
Del tanto extrañarte
(otra forma del tiempo)
casi soy ese hueco andando en la ciudad
Mírame hoy con tus ojos
Desde mis manos te busco
y mientras pulo mis vidrios
dibujo tus ojos en ellos
Te llevo a mi rostro y acomodo en mis orejas
Imagino tus ojos en mis ojos
Pulo los vidrios de adentro pulo
pidiendo que no me explote el tiempo
sin posarme en tu mirada
Max Echeverría Burgos es profesor de filosofía y encargado pastoral en el Colegio Teresiano Enrique de Ossó, Santiago. Su trayectoria poética, construida a lo largo de años de talleres y lecturas junto a otrxs poetas, revela a alguien para quien la poesía no es un oficio paralelo a la vida, sino una forma de habitarla.
Su escritura oscila entre la contemplación y la necesidad, con una voz que trabaja la imagen desde lo cotidiano y concreto; forjando una estética que no teme la ternura ni la interpelación. Actualmente cursa estudios de pedagogía y educación en la Universidad Andrés Bello, y sigue escribiendo desde Santiago.
