«Bandada»: Cinco poemas de Gonzalo Robles Fantini

En estos poemas, Gonzalo Robles despliega una escritura que avanza entre la contemplación y el recuerdo, dejando que las imágenes convoquen una memoria hecha de asociaciones, silencios y fragmentos. El paisaje, la lectura y la experiencia cotidiana se entrecruzan en una voz que observa con detenimiento aquello que persiste bajo la superficie de las cosas.

Con un lenguaje sobrio y de ritmo pausado, los textos exploran las formas en que el tiempo transforma la experiencia y el modo en que las palabras intentan aproximarse a lo que permanece disperso o incompleto. La naturaleza, los libros y las escenas del pasado dialogan constantemente, configurando una poética donde la evocación se convierte en una forma de indagación.

Bandada

Por las tardes en la arena

tiendo mi cuerpo boca arriba, sereno

el cielo expande su luminosidad

en mi retina, nubes rasgan sus formas

al compás de mis recuerdos y visiones.

Murmullo de mar que interrumpe su cadencia

una bandada de pájaros irrumpe de golpe

observo las formas en sus patrones

que las aves dibujan al migrar

y protegerse del ataque depredador.

Las formas se confunden, escenas de infancia

juventud y heridas. La muchacha esquiva

los reproches del padre, siempre enfundado

en terno y corbata, llantos de niño

a puertas cerradas, habitación oscura.

Los pájaros se repliegan

vuelven a organizarse en nuevas formas

enjambre de la memoria que intento

recolectar cual economía de subsistencia

arqueología del inconsciente tratando

plasmar en el lienzo de esta playa

figuras que sanen cicatrices invisibles.


La palabra encriptada

Me pregunto quién petrificó las palabras

ahora recónditas en el sótano del hogar

intento extraerlas nítidas, buril y cincel.

La sangre corre por los pasillos.

Tal vez portazos, insultos

la taza que se quebró entre las discusiones

dientes apretados, un disparo en la mirada.

O quizás simplemente no fue obra de los ruidos

el silencio encriptó el léxico incluso antes

siquiera de pronunciarlo.


Cisne de fieltro

“Asustar a un notario con un lirio cortado”,

dijiste en la sobremesa tras el almuerzo familiar

un ejemplo de cómo la poesía transgrede la lógica

ante mis inquietudes literarias de joven ingenuo.

El verso nerudiano alude a la burocracia

a esos legajos tradicionales, papeles amarillentos.

Durante años te vi según esa imagen

un sacrificado jurista de tintes kafkianos

empleado público sensato y prudente.

Te enseñaba orgulloso mis primeros cuentos

“Borges desarrolló con mayor agudeza este tema”,

evaluabas, con esa parsimonia pedante

luego imitaba tus actitudes, incluso en escenarios

en los que parecía un personaje de Pirandello.

Sólo disfrutabas a Neruda en los poemas

mi gusto literario surgió en la necesidad de conocerte

en tus últimos años de vida te presté un libro grueso

de mi poeta favorito: Nicanor Parra.

No alcanzaste a leerlo ni supe tu mirada

sobre el corderito con piel de lobo.

Me pregunto qué habrías opinado años después

luego de haber abandonado este valle de lágrimas

acerca del controvertido hallazgo en la biografía

Nobel chileno en tela de juicio

aquel incidente con una mujer humilde en Ceilán

error de juventud que manchara su efigie.

Más me importaría enterarme de tus impresiones

sobre la actitud de Neruda hacia Malva Marina.

Con cariño y tristeza, para mí fuiste un cisne de fieltro.


¿Qué diría Antón Chéjov?

“Soy inocente”, aseguraba Giuseppe Conlon

a cada compañero de prisión que consultaba.

Los atentados de Guildford

sembraban la duda entre los ingleses

por sobre el montaje policial y el circo

representado con insidia en la Cámara de los Lores.

Por estos días las verdades se pixelan

y la música urbana en más convincente

que la apología de Sócrates

o palabras murmuradas

con la mirada transparente

y el cálido flujo sanguíneo en la piel.

La calumnia quedó olvidada

en la tinta de Chéjov y sus páginas amarillentas

herramienta aséptica e incisiva

hoy exponencialmente cuántica entre falanges

numéricas de ceros y unos.

Giuseppe Conlon murió encarcelado

lejos de su Belfast natal

no alcanzó a ver su nombre limpio

del oprobio y la condena social.

Sólo nos queda acariciar la infancia

como un pajarito de alas rotas

anidar la verdad lejos de las redes sociales

reflexionar sobre la confianza en el vecino.


Ti voglio bene

Tras la tormenta, no siempre aparece

aquel cielo de Teillier

grato aroma en el sorbo de café

o el baile de la solterona loca frente al espejo trizado.

El buen amor suele escurrirse en la criba

sedimentos amargos fijos en el paladar

nebulosas que entristecen la mirada.

Te imagino tras el parabrisas

surcos acuosos en un fluir incesante

la expresión de tu cara con enigmáticas formas

horizonte que implosiona en un punto ciego.

Hubo un hombre que te quiso bien

no supiste valorar ese amor

me lo confesaste, confiabas en mi oído

pese a que no alcancé a conocerte tanto.

Desnuda en medio de la casa de espejos

insistía en que eras bonita

hubo golpes, machismo ultrajó tu mirada

confusión en el laberinto

tu mano extendida y el teléfono descolgado.

Extraño tu coquetería, el ingenio de tus bromas

aquellos versos desgarrados y la profundidad

voz de tu llanto en susurro

extraviada como agua que cae por el desagüe.


Gonzalo Robles Fantini (Santiago, 1975) Periodista de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Desde los 20 años, escribe cuentos y poemas. Ha participado en diversos talleres literarios en ambos géneros y obtenido algunos reconocimientos. Ha publicado en algunas antologías de poesía y de cuento, tanto en formato impreso como digital. También se ha desempeñado en periodismo cultural escribiendo reseñas, artículos y entrevistas a escritores, así como también en instituciones ligadas al medio literario.