Adivinar el pasado: Sobre «Oniromancia / Los Sellos Arcanos» de Winétt de Rokha

Pero a menudo olvidamos que no hay acción realmente humana sin algún momento esencial de contemplación, sin una cierta suspensión metafísica del tiempo concreto. […] Una acción sin prístina contemplación sería puro mecanismo. Los robots no contemplan. La libertad requiere un punto de reposo, tanto en la percepción de su esencia como en el dinamismo de su quehacer.

Luís Oyarzún, “Sobre la libertad y la contemplación”

I

Uno de los problemas de las sociedades capitalistas de inicios del siglo XXI es que las experiencias artísticas se han vuelto un asunto de cantidades, números y materias contables, alejadas de todo carácter trascendental. La información llueve imparable y continua, sin intervalos, con una gota sustituyendo a la anterior, haciéndola imposible de discriminar.

No hay pausas.

No hay tiempo para la contemplar la lluvia.

Felizmente, el resurgir de la escritura femenina ha provocado el rescate de figuras que generan un movimiento contracorriente al excesivo materialismo veloz en que nos enfrascamos. Se nos ha devuelto a la vida a autoras como Teresa Wilms Montt, Stella Díaz Varín, Winétt de Rokha o Gabriela Mistral (quien estaba prácticamente olvidada por el público masivo hasta hace una década).

Nos parece destacable, sobre todo, el redescubrimiento de quienes en el siglo XX operaron con la sabiduría perenne a través de la palabra poética, id est, simbólica.

Oniromancia, de la poeta Winétt de Rokha es una manifestación de esta operatividad simbólica, inherente al carácter trascendental e imperecedero de la poesía. El poema está más allá de las nociones de progreso y retroceso que hoy en día tanto dañan la reflexión literaria de nuestro país. Se encuentra en el eterno presente, como el buen fútbol, en las pausas, no en el correr irrefrenable; como en el cine de Tarkovski cuando nos suspende en el tiempo.

En el caso de Winétt de Rokha, la contemplación y su relectura nos conecta con la interioridad del espíritu humano, cuya llave es el símbolo, interioridad tan perdida y necesitada para rescatar la deriva de nuestras sociedades. Nos permite intuir intelectualmente aquello que está oculto, la otredad solo posible de ser percibida mediante la suprarracionalidad, los intersticios donde el saber científico no tiene cabida.

II

En Oniromancia, Winétt despliega sus versos en torno de tres clases de campos materiales que nos invitan a la reconexión con la otredad perdida: elementos naturales como el viento, la flora, la fauna y las sombras; el cuerpo, sus extremidades, cabeza, rostro, los ojos, la boca; los entre-espacios de la casa, las puertas, las ventanas, los muros.

Su viento es obcecado y fuerza, con la potencia desenfrenada que, en su libertad, puede arrasarlo todo. De Rokha nos muestra, por ejemplo, en “Elegía en el viento de julio” un viento huracanado que arrebata la realidad estable, volviéndola caos, cambiando su antes. Es un viento que se lleva las cosas, como en la película Victor Fleming.

Dentro del sueño que es su poesía, ese viento monumental ingresa a través de una pequeña abertura: una ventana, ese símbolo de la segunda entrada (primero está la puerta), la vía alternativa, el espacio intermedio mediante al cual ingresa el mundo exterior a retazos. Ahí, ese viento incontrolable, veleidoso y portentoso choca con las ventanas de la poesía derrokhiana, y puede abrirlas contra su voluntad y puede romper sus cerrojos e ingresar y destruirlo todo. Y nos recuerda incluso aquella idea popular de ver nuestra vida pasar frente a nuestros ojos en el último momento de nuestra vida (“Domingo de Sanderson”, “Cadena de verbos”).

He aquí un punto clave, que exige detenernos: ese viento destructivo (pneuma en griego, ruh en árabe y ruach en hebreo), es el soplo que permite, según la Tradición, la creación del mundo.

Y la creación en De Rokha siempre se nos presenta sombría y abierta, opuesta a la luz y moviéndose entre lo fugitivo y lo cambiante, tal como los sueños, irreales y a la vez pertenecientes a lo real de quien los vive. En su oscuridad, su mundo es complejo de asir, de comprender y ver, como la interioridad humana. El camino de quien lea entonces será observar detenidamente la oscuridad, hasta que sus ojos, adaptados, comiencen a ver los elementos que la componen.

En la medida en que la contemplación nos permite la relectura, la obra de De Rokha adquiere matices que a simple vista pueden ser esquivos. Más allá del horizonte de la oscuridad encontramos el sentido de su escritura.

N.B.: Dos poemas totales se identifican en Oniromancia, que presentan la potencia de Winétt: “Lenguaje de palabras” y “Sinfonía de instinto”; obras de difícil comparación más allá de sus dominios personales. Nótese cómo podemos ver todo ocurriendo.

III

Bajo la pátina sintáctica, de ejercicios semánticos en un correr de la conciencia, la poesía de Winétt de Rokha esconde un mundo que pareciera, hoy, ir desapareciendo poco a poco para ser cubierto por tecnología, cemento y las promesas de felicidad inmediata: el mundo trágico originario de nuestra civilización. Accedemos a ese mundo iniciático a través de los sueños que luego, como lectores, debemos interpretar.

Una de las primeras formas de interpretación de sueños que reconocemos son los oráculos griegos, en la cuna de la civilización a la que pertenecemos política y culturalmente. La oniromancia de Winétt nos enlaza con ese pasado, donde las palabras tenían otro sentido y operaban en el mundo como los objetos hoy en día. Sus vaticinios adivinan nuestro pasado, nuestro origen, con el temor de quien lo puede perder y se aferra.

Y como son palabras semejantes a las palabras de antaño,

a las que en tropel primitivo y poderoso como adolescentes fieras,

cruzaron mi juventud.

Y como tengo miedo de desconectarme,

las arrojé debajo de las cabelleras del sol,

con locura, con miseria humana. («La aurora ciega».)

Si nos quedamos con la superficie de De Rokha, nos estamos limitando a un ejercicio mecánico de lectura, no es esa la dimensión en la cual su obra busca brillar.

Luís Oyarzún, al finalizar su reflexión sobre la contemplación, nos recuerda: “El pensamiento humano ha vivido tan uncido a su función práctica en lo externo, que no sabe todavía penetrar en su propia mansión. Vivimos y morimos con tesoros sellados.” La lectura de Winétt de Rokha busca y revela esos tesoros. Y para hallarlos necesitamos un ejercicio tan simple como complejo: observar detenidamente hasta comenzar a ver.


Victor Schneidewind. Poeta. Nació en 1991 en Chiguayante, región del Biobío y reside actualmente en Santiago. Es profesor de Español, titulado en la Universidad de Concepción, donde también cursó estudios de posgrado en Literatura Hispánica. Sus campos de interés son la filosofía, el ensayo y literatura chilena.